miércoles, agosto 23, 2006

Perfidia y Dulcinea.

En oscuros y remotos tiempos, exístia una mujer que soñaba el pasado. Su nombre era Perfidia. Este no era a primera vista, una cualidad que pudiera ofrecer atractivo o ventaja. Lo que si ofrecía era la mofa entre las numerosas brujas que poblaban la comarca.

Un día se acerco hasta la aldea donde residía Perfidia, un anciano. Una larga barba blanca, servía de contraste al alto bastón de madera, que utilizaba para ayudarse en su andar. Sus ropajes, de extrañas telas verdes y ocres, aportaban aires de miedos lejanos, a su esbelta figura.
El anciano recorrió las calles preguntando por la gran sanadora, pero nadie conocía a tal personaje. Una de las brujas, de entre todas la mas burlona, le preguntó -¿como sabéis que vive aqui, extranjero?-.
El anciano, la miró con pena. -De la misma manera que vos sabéis, que soy estranjero- dijo el anciano -observando-.
-No entiendo- contestó la burlona bruja.
-Es sencillo. La leyenda cuenta que la gran sanadora, vive en una comarca donde nadie conoce de su paradero. Lo cual ocurre aquí-. explicó el anciano.
-Eso ocurrirá en todos los sitios donde ella no viva- aclaró animosa, otra de las brujas.
El anciano miró a su alrededor, buscando asiento. Se sentó en una gran piedra molinera, que daba nombre a la calle donde se encontraban y comenzó a relatar lo siguiente:

En oscuros y remotos tiempos existía una mujer tenía la capacidad de sanar grandes enfermedades, pero solo a gentes de buen corazón. Transcurridos los años de aprendizaje con el Mago de Tegueste, esta mujer, joven en aquel entonces, buscó un lugar apartado donde asentarse y poder practicar sus dones. El Mago de Tegueste le advirtió, que debía residir en un lugar donde no abundasen gentes de mala baba (así se llamaba a la gente mala en general en aquel entonces, el cambio de denominación es otra historia). Dulcinea que así se llamaba esta mujer, encontró el lugar apropiado, y se instaló.
Con el paso de los años, las gentes de mala baba de todos los lugares conocidos, fueron tomando conocimiento de la existencia de Dulcinea, y de sus dones. Estas gentes camufladas con malas artes, intentaban sanar sus enfermedades en manos de Dulcinea. Cada vez que Dulcinea sanaba a alguna de estas gentes, su corazón se empobrecía, y muy al contrario de lo que pudiese creerse, sus poderes aumentaban. Fue por este incremento de poder, inusitado y repentino, que Dulcinea se traslado en largo viaje a ver a su Maestro, el Mago de Tegueste.
El Mago le detectó la fuente del problema, y la tuvo consigo en los últimos días de su vida para enseñarles las lecciones finales. Estas lecciones, le explico el Mago, no podías haberlas entendido cuando era joven, pues solo se entiende cuando uno descubre, que no todo el mundo es bueno.
Estas lecciones consistían en aprender como modificar la procedencia del mal de las personas, convirtiéndo a éstas en Brujas criticonas. Estas lecciones se denominaban, Modificación del pasado mediante el sueño.

El anciano, al ver las caras de las brujas, terminó -Por eso esta mañana, al ver que en esta aldea abundaban las brujas criticonas, pensé, por fin he encontrado a la gran sanadora.

No es el futuro, una esperanza de mejora del pasado.


Relato extraído del Libro de los mil sueños, de autor desconocido, escrito en lengua castellana alrededor del 1750. Libro que estudió Sigmund Freud con detenimiento en su juventud. Este relato en particular, es uno de los que le produjo una huella imborrable, como demuestran sus teorías sobre los contenidos de los sueños.

2 comentarios:

BAR dijo...

PRECIOSO RELATO Y ME ENCANTA MÁS AÚN QUE MENCIONES A FREUD...EL FUTURO, EN EL SIEMPRE TENEMOS LA ESPERANZA DEL AYER, Y SIN EMBARGO NO CAMBIA NADA...BESOS

maria noel dijo...

muy bueno, cada cosa q leo, de tu blog, mas me intrigas