martes, abril 29, 2008

Oda funebre.

Mil cadáveres eternos me miran esta noche.
Nunca resucitados,
sin el merecido perdón encontrado,
quedan de mi mediocre presencia asombrados.

Sus manipulados cuerpos.
Nunca redimidos de los fantásticos placeres.
Sus retorcidos rogullos.
Nunca esperados ni encontrados.


Oh, mi vida. Mi única vida, mi vida.

Oh, eterna juventud. Nunca perdida y menos olvidada.

Oh, encantadora muerte. Nunca paciente, se al menos indulgente.

Y troté fugazmente en el caballo color fusil, hacia la ciudad esperada. Con la cara tapada.

Arrecife. Lanzarote. Abril 2008.
Segunda Versión.

3 comentarios:

Folken dijo...

Nunca me gustó demasiado lo del ¡Oh! como recurso, aunque he de decir que quitando de esa fobia personal, el resto me gusta por cómo juegas con los tiempos y los sonidos.

El recurso del "caballo color fusil" me ha hecho sonreir.

El chicharrero terrible dijo...

Siempre he pensado que lo que escribo es bastante mediocre. Funadamentalmente por el poco tiempo que le dedico. No digo que dedicandole mucho vaya a llegar a la genialidad, pero comentarios como el tuyo hacen que hasta el mas humilde duerma mejor alguna noche.

Estoy de acuerdo que lo del Oh, es bastante cursi, pero me insipira a tomar un tonito mental tipo Rimbaud que es lo unico que me emueve a coger el lapiz.

Me comprometo a mejorar esta Oda, simplemente por el tiempo que has dedicado a dejarme un mensaje a través del blog.

Benjuí dijo...

Chicharrero, Eulalia cambio su cuaderno por otro...
Ya no escribe en quintadel44.
Un beso